Un cura de pueblo comenta las primeras lecturas del tiempo ordinario.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos

SEMANA XXX (I)
Viernes
9, 1-5
En los capítulos 9, 10 y 11 san Pablo explica el plan de Dios sobre el pueblo elegido.
Cuando los israelitas, desobedeciendo a Dios, se hicieron un becerro de oro para adorarlo, Moisés intercedió por el pueblo. Su oración de intercesión parece algo atrevida porque viene a decir: perdónalos o bórrame de tu libro.
También San Pablo muestra su amor por el pueblo de Israel con una expresión semejante: por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Y a nosotros nos dice: no despreciéis al pueblo de Israel. Fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías.
No despreciéis al pueblo de Israel que es el pueblo de Abrahán, de Moisés, de san José, de la Virgen y de Jesús, y de los apóstoles.
Sábado
11, 1-2a. 11-12, 25-29
No despreciéis al pueblo de Israel que es el pueblo de Abrahán, de Moisés, de San José, de la Virgen y de Jesús, y de los apóstoles.
Es verdad que una parte de Israel se ha endurecido y ha rechazado al Salvador. Una parte de Israel ha caído, como podemos caer todos. Pero Dios ama al pueblo que eligió y todo Israel se salvará. Porque los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Es san Pablo quien habla. Pero parece que está hablando la Virgen María: Auxilia a Israel, su siervo, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia para siempre (Lc 1, 54, 55).
SEMANA XXXI (I)
Lunes
11, 29-36
Los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Por eso, no despreciéis al pueblo de Israel que ha sido llamado y bendecido.
Por ellos, por los hijos de Israel, nos ha llegado la salvación. Si somos fieles, la misericordia de Dios, que nos ha venido por ellos, volverá a ellos.
Todos somos rebeldes. Todos estamos necesitados de misericordia. ¡Todos!
¡Qué abismo de generosidad, de sabiduria y de conocimiento el de Dios!
Martes
12, 5-16a
Llegamos hoy a la segunda parte de esta carta a los Romanos (capítulos 12 a 16) que es una exhortación a la caridad.
Cada uno tiene un don y una misión en la Iglesia. Cada uno debe aprender a agradecer el don que ha recibido y a reconocer los dones de los demás. Cada uno debe aprender a ejercer su ministerio con humildad y a agradecer el servicio que los demás realizan estimando a los demás más que a uno mismo.
Los siguientes versículos permiten hacer un retrato del mismo Cristo a quien el discípulo querría parecerse: cariñoso, fraternal, aplicado en la actividad, ardiente en el espíritu, dedicado al servicio de Dios, alegre en la esperanza, firme en la tribulación, asiduo en la oración, hospitalario, no maledicente, misericordioso, despojado de su rango y capaz de pasar, sin grandes pretensiones, por uno de tantos, poniéndose al nivel de la gente humilde.
Miércoles
13, 8-10
Amar es cumplir la ley entera.
Cuando Nuestro Señor Jesucristo decía que no había venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento nos invitaba a cumplir la ley como Él.
Nos invitaba a cumplirla sin creernos dispensados de nada. Pero a cumplirla como Él que, nacido bajo la ley, hizo amable la ley.
Hacer odiosas las leyes es la cosa más fácil del mundo, cualquier picapleitos lo consigue. Cumplirlas amablemente es otra cosa. Nadie ha cumplido tan perfecta y amablemente la ley como Jesús que fue quien enseñó a san Pablo y a todos los santos ese camino de hacer amable la ley.
Jueves
14, 7-12
En el capítulo catorce san Pablo habla de algunas diferencias que se daban entre los primeros cristianos, diferencias, sobre todo, en cosas tales como los alimentos y las fechas del calendario. Entonces, como ahora, podía ocurrir que las diferencias degenerasen en discusiones interminables y las discusiones en condenas mutuas.
En realidad estas cosas siguen pasando entre nosotros. San Pablo no parece preocupado por esas diferencias sino por esa tendencia que todos tenemos a despreciar y a juzgar a los demás. Sobre todo cuando olvidamos que, en el cielo, hay un solo Dios que nos ha de juzgar a todos: También al Papa y a los obispos que son, gracias a Dios, los únicos que pueden juzgar a sus hermanos en la tierra.
Viernes
15, 14-21
Este penúltimo capítulo, el décimo quinto, lo dedica san Pablo a exponer sus planes apostólicos. Fiel a su principio de predicar el evangelio solo allí donde no ha sido predicado antes, quiere viajar hasta Hispania, pasando por Roma. Pero antes quiere volver a Jerusalén para llevar alli la colecta de Macedonia y Acaya.
Viajes apostólicos, colectas, cartas... amablemente dice san Pablo a los romanos: para traeros a la memoria lo que ya sabéis, os he escrito, a veces propasándome un poco.
Quien predica a los creyentes no puede hacer otra cosa que traerles a la memoria lo que ya tienen en el corazón por la fe. Si el que predica es un Apóstol, puede propasarse un poco a veces. A los demás nos basta con recordarnos, unos a otros, la fe de los Apóstoles.

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